Carta a mi rector:


El mundo está cambiando, eso es un hecho, se vio obligado a encontrar una solución a una amenaza de suspender todos los trabajos y terminó recurriendo a la educación en línea para continuar ofreciendo sus servicios y así demostrar su compromiso con sus alumnos. Pero lamentablemente sabe que esa solución no está funcionando. Esa “propuesta” es paliativa y no está pensada para realmente educar sino para colocar un colchón a la crisis que estamos viviendo.


Las clases en línea son una simulación, Porque ni el estudiante entiende, ni el docente puede explicarlo. Porque el mundo al que estábamos acostumbrados está desapareciendo, estudiantes con los sueños frustrados y docentes angustiados en una dinámica en la que actuamos igual que las clases presenciales. Mismo tono, misma presentación, misma dinámica, pero ni uno ni otro está presente realmente. Ninguno de los dos está aprendiendo, ninguno de los dos está funcionando, es meramente un recurso para adaptarse simulando que es temporal y que el mundo volverá a restaurarse en algún futuro. Pero es ahí precisamente, estimado rector, donde recae esta carta: El mundo no va a volver a lo que era antes. La educación en línea probablemente va a ser la nueva normalidad. Y entonces se abre una gran ventana de oportunidad de que su institución destaque y se posicione en la nueva normalidad que está por venir. El tablero se reinició. Si soñaba con que su institución brillara en las listas de mejores escuelas, o las más prestigiosas, o las que están preparando mejor a sus estudiantes, este es el momento para decidir cambiar. Es reto de la institución ahora enseñar en el mundo que viene. Todos los competidores están en la misma encrucijada, el primero en encontrar una estrategia pedagógica realmente funcional para la nueva época de la humanidad que está comenzando se llevará la confianza y el prestigio. Sé que no es una misión sencilla, debe encontrar una solución a un mundo que aún no ha llegado y para eso requiere necesariamente una apertura a la imaginación y creer firmemente en ese discurso protocolario que llenó alguna vez con una “Misión y visión”. Que para ser honestos, esas palabras vacías, utópicas y poco realistas, no estaban ni cerca de cumplirse con el pasar de los ciclos escolares. Es momento de ejercer esos valores y relucir la identidad con la que fue concebida la institución. Es momento de que realmente se comprometan con eso que establecieron y piensen en la educación del país como la enorme responsabilidad que tienen en sus manos hoy en día. Literalmente sus estudiantes serán los primeros pobladores del mundo nuevo. Todos aquellos en etapa estudiante, somos los que en estos años y los años que vienen, seremos responsables de construir el futuro, y en nosotros está la posibilidad de hacerlo mejor o hacerlo peor. Y aquellos que confiamos en sus instituciones, confiamos también en que el enfoque que estamos aprendiendo es el necesario para construir un rumbo mejor. Entonces, estimado rector, le pido que esté dispuesto a competir para encontrar una verdadera solución pedagógica, no una simulación que ofrece nombres de asistentes a través de cámaras abandonadas. Le aseguro que si logra esta misión, su institución tendrá mucho más renombre del que puede aspirar ahora. Porque si lo logra, será su enfoque el que construya un mundo mejor.


Escribo esta carta también para ofrecer un contexto de mi generación; porque creo que para empezar a caminar esa carrera, es necesario conocer los obstáculos que están presentes. Mi generación está dormida, y las generaciones que vienen están peor. Actuamos en una especie de piloto automático repitiendo patrones de nuestro entorno sin tener identidad propia, víctimas de un sistema meritocrático que se convirtió en una carrera frustrante y desalentadora; los estudiantes estamos en un punto límite donde nuestra propia cordura está en juego por que los precios son altos y los sueldos son bajos, y la competencia nos exige estilos de vida cada vez más difíciles de cumplir. Somos hijos de la generación que adoptó el esfuerzo laboral abrumador para poder ofrecernos mejores oportunidades que las que ellos tuvieron. Somos hijos entonces del abandono de padres trabajadores, compañeros de máquinas cada vez más inmersivas que crearon realidades alternas en nuestra mente y que

nos alejaron de nosotros mismos. Por eso no sabemos hacer nada. Por eso no tenemos tolerancia a la frustración. Todo es rápido, si una realidad no es interesante, es fácil sustituirla. Somos habitantes de un mundo en el cual tu valor reside en tu imagen, en lo que aparentas, en lo que dices que eres. Víctimas de una crisis existencial producto de la incongruencia entre lo que aparentas y lo que eres realmente. La máscara exterior fue habitada y la máscara interior fue abandonada, desconocida y llena de telarañas producto de psicologías moldeadas en una sociedad que fluctúa sus valores con las notas polémicas de los diarios. Esos somos sus estudiantes. Despiértenos. Esa es su misión. Ayúdenos a construir nuestra propia identidad, a tener metas y sueños auténticos que nos lleven a crear y moldear el futuro que está por llegar. Haga que seamos conscientes de la enorme responsabilidad que tenemos con la humanidad. De que la única manera de que las cosas sean mejores, es si todos participamos activamente en esta reconstrucción. Por favor eduque a través del juego, no a través de una repetición ridícula de datos para realizar exámenes. Eduque para desarrollar humanos que sienten, que aman y que piensan; en una época donde las máquinas tendrán el protagonismo de los viejos empleos, eduque a sus estudiantes a construir máquinas, no a operarlas. Edúquenos a pensarlas, no a ser víctimas del desplazamiento laboral que van a ocasionar. El mundo se está despedazando, pero los que queden en él tendrán que crear el siguiente capítulo en los libros de historia del futuro. Es su responsabilidad como líder formarnos, y es la nuestra construirlo. Pero le pido un auténtico esfuerzo, por empezar a pensar en el futuro, y no solo parchar el pasado en espera de que regrese. Es nuestra, y sólo nuestra, la posibilidad de convertir este mundo en un lugar más habitable, en un lugar que respete más, en un lugar que ame más. El pasado nos enseñó la crueldad humana, es momento de ser recordados como la generación que pensó en el mundo podía ser mejor y que actúo para hacerlo pasar.


Es por esto rector, que escribo esta carta; me parece de suma importancia que haga consciente la oportunidad que tiene en las manos: Usted(es) pueden dirigir el rumbo del país y el rumbo del mundo. ¿Van a seguir simulando o van a hacer un esfuerzo por cambiar los errores del pasado? Esa decisión dependerá de usted. Pero tenga presente que también está en sus manos el futuro de aquellos que confiamos en usted y la institución que representa. Tenga por seguro, que su decisión impactará en el futuro de la historia. ¿Va a construir o va a pretender que todo sigue igual?

Estimado rector, confío en usted.


Valentín.

IG: @valenmadrista

vemr9196@gmail.com

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